Tenemos hoy dos cartas de un alumno y una alumna, Sergio González y Salomé Restrepo en la que nos describen su experiencia en la cooperación y colaboración con la población más desfavorecida y necesitada de ayuda en nuestro amado Bogotá a través de la ONG Techo. Nuestro alumnado es coordinado al igual que la ONG Techo por nuestro querido compañero Álvaro Amaya de Servicio Social que siempre vela por los más necesitados.

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Paisaje que recibe a nuestros cooperantes.

La gente me pregunta a veces que por qué me gusta pertenecer a Techo, que si sólo es subir a un barrio a construir casas. Les digo que no, que es mucho más que eso, es saber otra perspectiva del mundo y de las condiciones en las que pueden llegar a vivir las personas más necesitadas; que les construyes casas, sí, pero dentro de esas cuatro paredes y un suelo de madera, y un techo de tejas de aluminio existe una historia, una familia y sobre todo una enseñanza para todos. Es intercambiar sentimientos, puntos de vista, abrazos y sonrisas con los demás, hasta con los otros voluntarios que van a hacer feliz a una familia más.

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Salomé Restrepo con una anciana agradecida.

Mi experiencia hasta ahora es demasiado gratificante, tanto para mí como para mi propia familia. Al principio nos daba un poco de miedo pensar que iba a conocer otra realidad más de nuestro país y hasta de casi toda Latinoamérica; como subirme por primera vez a un Transmilenio así no lo crean, ir a lugares que jamás pensé en ir. Cuando me dijeron en la reunión del nuevo grupo de Techo del Reyes que iríamos a hacer nuestro primer voluntariado al barrio Bella Flor en Ciudad Bolívar se me cruzaron las luces, literalmente se me pasó de todo por la cabeza, me dio mucho miedo. Cuando llegó el día de subir, todo cambió; me di cuenta que estaba metida en una burbuja de realidades que no eran completamente reales, en un mundo donde todo (si se puede decir así) era perfecto, incluidos todos mis caprichos y cosas que pedía. Definitivamente se me abrieron los ojos al verdadero lugar donde he vivido toda mi vida, a los problemas sociales que existen en Colombia, y a una infinidad de cosas más. Pero sobre todo, me di cuenta de la gente tan maravillosa que puedes llegar a conocer, que así no ganen ni cincuenta mil pesos al mes para subsistir ellos y su familia, siempre tienen detalles contigo así no sean materiales, un café o una galleta de soda simple y llanamente para agradecer que te estés tomando medio día para ir a poner tu granito de arena para mejorar las condiciones en las que están.

Subiendo a los barrios, que salgan las familias completas, desde los niños más pequeños hasta los adultos mayores a aplaudirte y agradecerte eso para mí no tiene precio. Y luego las construcciones, wow, eso ya es lo máximo.

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Sergio González y un grupo de cooperantes.

Llevo relativamente poco tiempo en la ONG pero he tenido la oportunidad de poder hacer muchas otras actividades con Techo, como un campamento con niños de diferentes barrios en Chinauta, ser jefe de cuadrilla en las construcciones, ser jefe de trabajo y por supuesto ser una voluntaria más. Esto cada día me hace crecer más y a darme cuenta de lo afortunada que soy al tener todo lo que tengo. Y poder ver la felicidad de la gente que no tiene mucho, de las familias tan unidas que se presentan, es algo que sinceramente no puedo explicar.

Esta es mi historia de cómo cambió mi vida desde que pertenezco a Techo, ahora sigo, aprendiendo cada vez más de todas las cosas hermosas que vives los domingos en la mañana, créanme las madrugadas valen mucho la pena.

Por esto invito a todos los que deseen vivir estas fantásticas experiencias a que se unan, que abran su corazón a recibir a gente extraordinaria y poder llegar a decir que se sienten orgullosos de ser Techeros, como yo. QUÉ ORGULLO, QUÉ ORGULLO.

Salomé Restrepo Hernán, 1°B Bachillerato.

Como uno más de los voluntarios, directos o indirectos de Bogotá y en especial  del Colegio Reyes Católicos, hoy quiero contar mi experiencia , una experiencia en una de las actividades más esperadas y más soñadas por muchos integrantes de TECHO, me refiero nada más y nada menos que a las Construcciones con colegios.

Primero, después de subir los domingos a diferentes barrios para colaborar con la comunidad, nos llegan con la noticia de que ¡ en esta ocasión nos tendríamos que quedar cuatro días!. Claro, lo primero que viene a la mente es si nuestros padres nos dejarán estar tres noches por fuera, y más aun en barrios que quedan tan lejos.

Después de tener el permiso y la aprobación, todos nos empezamos a alistar. Había que empacar una maleta que no fuera muy grande, porque íbamos lejos. Además, cabe aclarar que no nos podríamos bañar en tres días, cosa que a muchas chicas les sorprendió al principio, porque claro, el estilo de su pelo se podía ver afectado.

Nuestra aventura comenzó un viernes. Nos encontramos todos en la Universidad Javeriana y allí, desde el primer momento ya estábamos conociendo gente nueva, hablando con otros chicos, y siendo parte de actividades de integración. Después de un rato, nos asignaron los barrios donde nos tocaba construir. Al principio, claro, uno quiere que le toque con alguien de su mismo colegio, como para no ser el “ mosco en leche” , pero tuve la buena o mala suerte que me tocó solo. El único chico del Reyes que iría a ese barrio. En ese momento sólo había pensamientos de miedo, de vergüenza y de mucha timidez, pero que fueron cuestión de minutos , porque ya en el bus, estábamos todos cantando canciones como si no hubiera mañana , todos juntos.

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Vivienda construida a través de Techo.

La primera noche fue un poco dura, tocaba dormir en el piso que estaba muy frío y con una bolsa de dormir sobre un aislante. Al día siguiente nos despertaron con un agua de panela que estaba deliciosa y un pan caliente.

Al cabo de un rato, de dividir los grupos de construcción y de hablar entre nosotros, nos fuimos a conocer nuestro terreno y al beneficiario con el que íbamos a construir esta nueva casa. Fue un día muy agotador, trabajamos mucho y aprendimos mucho, sobre cómo funcionan los cimientos, sobre cómo hacer que desde el principio una casa o estructura quede bien hecha, aprendimos a ser estrictos y detallistas porque ahí iba a vivir alguien y no podía ser nada peligroso ese hogar. La mejor parte, fue el almuerzo. Resulta que nosotros todos los días llevábamos verduras , frutas , arroz y leche donde el beneficiario y allí , ellos nos hacían el almuerzo, y déjenme decirles que era un almuerzo espectacular, que ni siquiera un estudiante de la “Nacho” puede decir que ha probado uno mejor, ni siquiera de esos buenísimos corrientasos que vende esta señora que es un amor en la segunda cuadra saliendo de la Universidad por la 26.

El segundo día la dormida no fue tan grave, yo creo que era porque estábamos muy cansados. Al despertar nos alistamos rápido, comimos y nos fuimos a seguir construyendo. Este día acabamos la casa, esto era casi un record, porque lo normal no era acabarla en el segundo día , sino en el tercero. Ya que nos había ido tan bien, el tercer día lo dedicamos a estar con la familia que viviría en esta casa nueva. Aprendimos muchas cosas, vimos con nuestros ojos lo que es la desigualdad, la falta de recursos, pero al mismo tiempo, percibimos con el corazón lo que era la humildad , el apoyo, la amistad, y la esperanza. Nuestro beneficiario, además de ayudar a construir su propia casa, estuvo muy pendiente de nosotros, de todos y nos cuidó para que no nos fuéramos a lastimar o para que todo saliera a la perfección. Cuando llegó el momento de inaugurar la casa, el nuevo dueño cogió unas tijeras y cortó un lazo rojo pequeño que había en la puerta, y todos celebramos aplaudiendo con una cara enorme de felicidad, porque, mírenlo de esta forma, una familia más podría dormir bajo un TECHO esa noche y las que restaban por mucho tiempo.

Después de muchos abrazos y despedidas, todos volvimos a nuestros hogares, todos pensado en las infinitas gracias que nos había dado aquel señor, en la felicidad en su rostro. En el camino hacia nuestras casas todos compartimos experiencias, dentro de las cuales estaba que nunca sabes lo que verás: un niño llorando, un niño feliz, una familia peleando, o una familia disfrutando de una agua de panela , o un plato de arroz, o así como cuando te encuentras con el portero de tu conjunto y no tenías ni idea de que él vivía en esas circunstancias ….

En lo personal quiero agradecerle a Dios por esta oportunidad tan grande e invitar a todas las personas que quieran ser parte de esto, porque pueden ser jóvenes,adultos, mujeres y hombres, todos pueden ayudar, y ser parte del cambio, ser parte de esta Colombia que busca desesperadamente la paz y un verdadero cambio. Así que ¡Adelante voluntarios, vamos a construir un TECHO más!

Sergio González- Voluntario TECHO Colombia.