Queridísimas familias de 6ºB y a mi querido alumnado de esta tutoría que tanto valoro:

Parece que fue apenas esta mañana cuando cruzasteis por primera vez la puerta de nuestro salón y me encontré con esas caritas curiosas, atentas, tratando de descubrir quién era yo. Lo que no sabíais entonces es que os recibía en un momento muy especial y profundo de mi vida: acababa de perder a mi esposo y sentía una enorme necesidad de volver a mi vocación, de encontrar refugio y propósito en mi labor como docente.

Desde aquel primer instante, vuestra presencia fue para mí un bálsamo. La impresión que me causasteis fue profundamente positiva y, sobre todo, un motivo de alivio y esperanza.

Habéis crecido, no solo en estatura, sino también en pensamiento, en corazón y en madurez. Sin embargo, algo esencial permanece intacto en vosotros: seguís siendo esas personitas nobles que conocí al principio. Me llena de orgullo ver que los valores que juntos cultivamos —la humildad, la nobleza, la empatía y el esfuerzo— siguen arraigados en vuestra forma de ser y de mirar el mundo.

A lo largo de este tiempo, habéis realizado numerosos proyectos, tantos que si intentara enumerarlos ahora, temo que podría olvidar alguno, y todos merecen ser recordados. Sin embargo, me gustaría proponeros que guardéis en un lugar especial de vuestra memoria tres de ellos, como pequeños tesoros que, dentro de veinte años, podáis redescubrir con la misma ilusión, como si fueran una auténtica máquina del tiempo. Me refiero al recital de poesía, a las críticas literarias de los libros que os apasionan en esta etapa de la vida y, por supuesto, al libro de cuentos que creasteis con tanto cariño. Ojalá, cuando volváis a ellos en el futuro, podáis revivir la emoción, la dedicación y la alegría con que los construisteis.

Puedo afirmar, con total sinceridad, que en este centro he tenido la gran fortuna de coincidir con un alumnado excepcional y con familias siempre dispuestas a colaborar, comprender y acompañar. También quiero destacar el valioso papel de las delegadas y delegados de cada curso, cuyo compromiso y dedicación han facilitado enormemente nuestro camino compartido.

No puedo dejar de recordar aquel año de pandemia, un capítulo que nos marcó a todos y que nos unió, no solo como grupo, sino como parte de la historia del planeta Tierra. Fue un tiempo difícil, lleno de incertidumbre y desafíos, pero juntos supimos afrontarlo con valentía, responsabilidad y generosidad. Y lo más importante: salimos adelante, salimos victoriosos, fortalecidos por la experiencia y por los lazos que tejimos en medio de la adversidad.

Doy gracias de corazón por haberme hecho tan feliz durante estos dos cursos. Habéis sido un grupo realmente espectacular, y ese es, precisamente, mi mayor deseo: que sigáis siéndolo siempre, que permanezcáis unidos y afrontéis juntos los retos que la vida os depare, tal como os mencioné en el discurso de graduación, recordando a Don Quijote, que nunca cabalgó solo, sino acompañado de buenos escuderos.

Os pido que guardéis en la memoria nuestras charlas, nuestros momentos compartidos y, sobre todo, los consejos que os ofrecí siempre con sinceridad y con el mayor cariño. Ojalá os acompañen y os sirvan en cada etapa que esté por venir.

Mi gratitud más sincera y mis gracias infinitas a Angélica, quien ha sido mi gran apoyo como delegada y a la cual admiro, y a Mily y Tatiana, subdelegadas incansables que siempre estuvieron dispuestas a colaborar con generosidad y entusiasmo. No puedo dejar de agradecer también a las familias que con su cercanía y confianza, contribuyeron a hacerme feliz en este recorrido.

Deseo, desde lo más profundo de mi corazón, que la vida sea justa y luminosa con cada uno de vosotros. Que el Universo, en su infinita sabiduría, no se equivoque con nadie.

UN BESO ENORME 6ªB. HASTA SIEMPRE.

Olga María Suárez Díaz