La Cátedra de Afrocolombianidad en el Reyes se transformó en una experiencia sensorial y artística inolvidable. Bajo el liderazgo de los docentes Miguel Martín, Miguel Salmerón, Paz García, Susana de Coro y Liliana Reyes, los estudiantes de grado primero y segundo vivieron una jornada donde la historia no se leyó en los libros, sino que se sintió en las manos, el paladar y el corazón.
Para honrar nuestras raíces, los grupos se organizaron según las grandes herencias africanas que llegaron a nuestro territorio, permitiendo que los niños se identificaran con la fuerza de sus legados:
- Yorubas: Explorando la riqueza artística de Nigeria, Benín y Togo.
- Ashanti: Conociendo el esplendor del oro y la tela kente de Ghana.
- Bantúes: Descubriendo la expansión agrícola y tecnológica de más de 400 pueblos.
La actividad se desplegó en tres estaciones que permitieron a los estudiantes «tocar» la cultura de forma tangible:
- Cocina (Sabor y Vida): Acompañados por Ana Sofía Cala y Duncan Valiente, los niños prepararon arepas de plátano. Más que una receta, fue una lección sobre este alimento vital que llegó a África en el siglo V y se convirtió en fuente de energía para millones de personas.
- Arte (El Gigante Baobab): Bajo la guía de Camila Vargas, el pasillo de Infantil se transformó con la presencia del Adansonia digitata. El Baobab, símbolo de refugio y comunidad, cobró vida como un monumento a la resistencia.
- Danza (El Cuerpo que Narra): Con Oscar Queen, el baile se entendió como una herramienta de sanación y cohesión social. Los estudiantes vivieron el ritmo como una forma de contar historias y afirmar su identidad.
Entendemos que la educación va más allá de los contenidos académicos; se trata de formar ciudadanos del mundo que reconozcan y celebren la diferencia.
Esta actividad reafirma nuestro compromiso con una educación inclusiva y multicultural, donde la diversidad no es solo un tema de estudio, sino la esencia misma de nuestra comunidad. Al abrazar nuestras raíces africanas, recordamos que cada historia, cada ritmo y cada palabra compartida nos hace más fuertes, más empáticos y, sobre todo, más humanos.
Créditos: Liliana Reyes Pulido.

